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¿Adiós Movistar? Por qué Millicom retrasará el cambio a Tigo tras la millonaria compra de Telefónica Chile

Aún no es el momento.

El mercado de las telecomunicaciones en Chile acaba de sufrir uno de sus terremotos más grandes de la última década tras la confirmación de la venta de Telefónica Chile a la gigante luxemburguesa Millicom, en alianza con el fondo francés NJJ del magnate Xavier Niel, por más de 1.200 millones de dólares, marca el fin de una presencia de 35 años de la compañía española en el país. Para los entusiastas de la tecnología y quienes seguimos de cerca el ecosistema de conectividad nacional, la noticia generó una pregunta obvia que inundó foros y redes sociales: ¿Cuándo desaparecerá la icónica "M" de nuestros smartphones para darle paso al característico logo de Tigo?

La respuesta corta y quizás decepcione a quienes esperaban un rediseño inmediato en las configuraciones de red de sus equipos, ya que el cambio de nombre no ocurrirá pronto. A pesar de que Millicom asume el control operativo desde el día uno, la tesis que se maneja en los pasillos corporativos y según información que pudimos recabar desde dentro de "la nueva compañía", apunta a una estrategia de cautela extrema por lo que no hay urgencia alguna por reemplazar la marca Movistar puesto que la prioridad absoluta de los nuevos dueños es estabilizar la nave antes de pintarle un nuevo nombre en el casco y hacer un rebranding masivo en medio de un proceso de transición complejo sería un movimiento arriesgado que la matriz prefiere evitar.

Analizando el panorama en frío, la jugada tiene todo el sentido del mundo puesto que Telefónica dejó en Chile una operación robusta y una infraestructura envidiable, pero también arrastra desafíos financieros importantes con números rojos en sus últimos balances y una altísima presión competitiva frente a actores como Entel, WOM y Claro. El propio CEO de Millicom, Marcelo Benítez, ha dejado claro que la meta primordial para este 2026 es salir de las pérdidas y alcanzar números azules, o como él mismo lo bautizó, un "azul Tigo". Cambiar la marca en este preciso instante significaría traspasar automáticamente cualquier fricción, queja de usuarios, o inestabilidad del servicio directamente a la reputación de Tigo y para una empresa que busca consolidarse en Sudamérica, manchar su gran debut en Chile con problemas heredados de la administración anterior sería un error estratégico grave.

Por lo tanto, la hoja de ruta bajo el mando de la nueva CEO de la operación local, la ejecutiva colombiana Carolina Vallejo Londoño, se centrará estrictamente en lo interno antes de tocar lo externo. Lo primero indica que deben resolverse las deficiencias pendientes en la red móvil, simplificar la oferta comercial y mejorar sustancialmente la experiencia del cliente para retener el talento y la cuota de mercado, y solo cuando los indicadores de calidad de red estén en su punto óptimo y la compañía opere con la eficiencia que caracteriza a Millicom en otros mercados de la región, se apretará el botón verde para el aterrizaje comercial de Tigo, por lo que hasta que la red no esté a la altura del estándar que la matriz exige, la fachada seguirá diciendo Movistar.

En resumen, nos espera un periodo de transición donde la procesión irá por dentro y los cambios reales los notaremos en la latencia y la estabilidad antes que en la publicidad, así es que los usuarios chilenos continuarán interactuando con Movistar durante un buen tiempo, mientras se afina una reestructuración profunda.